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Sálvese quien deba:
La seguridad del paciente

Perfil profesional

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José María Ruiz Ortega
  • Médico
  • Gestor sanitario
  • Máster en Gerencia de Organizaciones Sanitarias: ENS, EADA
  • Auditor Sanitario
  • Master en seguridad del paciente y gestión de riesgos sanitarios en École Centrale Paris
  • Presidente de la Asociación Española de Gestión de Riesgos Sanitarios y Seguridad del Paciente AEGRIS
  • Jefe de Servicio de Seguridad del Paciente. Subdirección General Calidad Asistencial, Seguridad y Evaluación Servicio Murciano Salud. Murcia.

Esta es mi opinión, que ni yo mismo comparto

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Me preocupa que la atención sanitaria que reciban los pacientes sea lo más segura posible; me interesa que los profesionales sanitarios trabajen en un ambiente libre de culpas, de cargas añadidas de trabajo y que hagan bien lo que saben; me gustaría que la organización sanitaria sea menos opaca y de verdad practique lo que predica: que el ciudadano es el eje del sistema de salud. Y que cuando todo se viene abajo, seamos capaces de afrontar la crisis con conocimiento y de la manera más propicia.

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SeguridadPaciente 

Inicio

Con más de medio siglo de vida, el cinturón de tres puntos sigue siendo el elemento de seguridad más importante para los ocupantes de un automóvil. Los múltiples airbags o los controles de estabilidad y de tracción sólo complementan este sencillo y útil invento que patentó Volvo en 1959: sin él, los demás elementos pierden su utilidad. En los años veinte, cuando se popularizó la propiedad y uso del automóvil, estos no iban equipados con cinturones se seguridad. Curiosamente, fueron los médicos los que empezaron a reaccionar ante la gravedad de las heridas causadas por los accidentes que tenían que atender e instaron a instalar rudimentarios cinturones. Varios médicos rogaron a los fabricantes que se incluyera esta medida de seguridad en los vehículos, a semejanza del usado por los aviones, pero su solicitud no alcanzó mucho éxito. Hubo ciertas marcas, entre ellas Ford y Chrysler, que comenzaron a incluir opcionalmente cinturones de dos anclajes. Aunque los conductores no parecían estar muy interesados por pagar mayor precio a cambio de más seguridad. Pero la historia dio un giro inesperado  cuando Volvo contrató como ingeniero responsable de seguridad a Nils Bohlin, creador del diseño del asiento catapulta de los aviones de combate Lomas Draken J35. 
Comenzaron las pruebas con los cinturones de dos puntos que ya se usaban, pero los datos obtenidos en los pruebas de choques de coches no convencieron a estos esforzados encargados de la seguridad. La idea de Bohlin era crear un sistema que se adaptara lo máximo al cuerpo humano por lo que ideó el cinturón de seguridad que hoy conocemos. Un cinturón de seguridad con tres puntos de anclaje que mejoraba el utilizado en la aviación. 
 


El primer modelo de la marca escandinava que equipó el cinturón de tres puntos fue en el mes de agosto de 1959. Pero todavía quedaba lo más difícil como en cualquier innovación tecnológica: convencer al usuario. De hecho la popularización del uso del cinturón entre conductores y acompañantes de automóviles no se alcanzó hasta el año 1967, cuando Nils Bohlin y Bertil Aldman, médico y jefe de pruebas y homologación, ofrecieron una conferencia basada en el ‘Informe de los 28.000 accidentes’. En éste se aseguraba que el uso del cinturón salvaría vidas y reduciría las lesiones entre un 50 y 60 por ciento. Volvo siempre ha sido la marca europea pionera en materia de seguridad. En 1964 también presentó un prototipo de sillita de seguridad para los niños y, en 1967, comenzó a hacer hincapié en la necesidad de colocar cinturones en los asientos traseros; a pesar de esas innovaciones hasta veinte años después no se legisló la obligación de su instalación y uso. 
Hoy en día nadie duda de que el cinturón de seguridad es la mayor salvaguarda de la vida de los ocupantes en circulación vial. 
Tristemente, en nuestro país, existe un alto porcentaje de gente que no valora su uso, principalmente en trayectos cortos y urbanos. Según datos del Real Club del Automóvil de España (RACE), aproximadamente un 25% de fallecidos por accidente no lleva puesto el cinturón de seguridad
Las infecciones relacionadas con la atención sanitaria son aquellas que se adquieren en algún momento durante la atención en el sistema sanitario. Las infecciones se pueden transmitir de múltiples maneras (vía respiratoria, digestiva, por contacto), pero la vía más frecuente de transmisión de éstas es por contacto a través de las manos de los profesionales sanitarios. Se entiende por higiene de manos un procedimiento cuyo objetivo es reducir el número de microorganismos que hay en la piel de las mismas. Cuando el procedimiento se realiza con agua y jabón lo llaman lavado de manos. Cuando se realiza con un preparado de base alcohólica o con un jabón antiséptico, lo denominan desinfección de las manos.
Es la forma más sencilla y eficaz que todos tenemos para evitar la propagación de las infecciones que se transmiten a través del contacto. Numerosas publicaciones demuestran que la higiene de las manos contribuye a la reducción de las infecciones relacionadas con la atención sanitaria.
Hay que lavarse las manos siempre antes y después de estar en contacto con una persona que precisa atención en cualquier punto del sistema sanitario. Además la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que se realice siempre antes de realizar una técnica aséptica, después de que haya existido posibilidad de contacto con fluidos corporales y tras contacto con el entorno del paciente.
Afecta a todos los profesionales implicados en el cuidado de los pacientes. También es necesario que la realicen los pacientes, sus familiares y los visitantes que les atienden.
La higiene de las manos se considera la principal medida necesaria para reducir las infecciones. Aunque es una acción sencilla, su falta de cumplimiento entre los profesionales sanitarios sigue constituyendo un problema de magnitud mundial. Se conoce que el personal sanitario omite esta práctica en un 60% de las situaciones en las que es necesaria. La campaña "Salve vidas: límpiese las manos", se inscribe en un esfuerzo liderado por la OMS, con el objetivo de invertir esta costumbre inquietante, e incitar al personal sanitario a realizar mejoras en sus prácticas de higiene de manos, contribuyendo así a reducir la propagación de las infecciones.
 
Hemos de remontarnos al año 1847 cuando Semmelweis intuyó que las manos contaminadas de médicos y estudiantes después de realizar una autopsia podían transmitir material contaminado a la parturienta; la mortalidad por fiebre puerperal subió en el pabellón de Bartch al 27%, es decir, hubo un incremento del 18% con respecto al mes anterior. Prosiguiendo entonces con su idea de prevención, Semmelweis preparó una solución de cloruro de calcio, mediante la cual el estudiante que hubiese disecado aquel mismo día o la vigilia, debía lavarse minuciosamente las manos antes de efectuar cualquier exploración a una mujer encinta. Durante el mes que siguió a la aplicación de esta medida, la mortalidad cayó un 12%. Desde entonces ha transcurrido más de un siglo. 
En este tiempo se han identificado millones de microbios y virus, se han aislado y desarrollado medicamentos especialmente útiles para el tratamiento de las enfermedades que causan. 
Sin embargo y a pesar de disponer de sofisticadas técnicas diagnósticas, conocer y aplicar las mejores medidas higiénicas, y ofrecer la mejor calidad de atención al paciente, 1,4 millones de personas sigue muriendo en el mundo a causa de las infecciones hospitalarias y entre el 5 y el 10% de los pacientes ingresados en el hospital sufren una infección nosocomial. 
En un momento en que la seguridad del paciente debe ser una estrategia prioritaria, conviene aplicar todas las medidas que estén a nuestro alcance para reducir el fenómeno de las infecciones entre otras. Y no siempre la mejor medida es la de mayor coste. Cada día está más vigente la bondad absoluta de la higiene de manos, ya sea con agua y jabón o con soluciones alcohólicas, como una de las medidas más eficaces para la prevención de la infección nosocomial. 
El cinturón de seguridad delantero es obligatorio desde el año 1983 en España. Hasta 7 años después no fue preceptivo el uso de los cinturones de seguridad en la parte trasera de los coches. Circular sin cinturón de seguridad puede ser sancionado con una multa con un coste en torno a los 200 € y además la multa por conducir sin cinturón de seguridad puede suponer la pérdida de hasta 3 puntos del carnet de conducir.
¿Hasta cuándo nuestros legisladores no promulgarán una Ley que haga obligatoria la higiene de manos en el Sistema Nacional de Salud? ¿Cuántas más infecciones o muertes derivadas hacen falta para que se actúe de manera contundente al infringir la obligatoriedad del lavado de manos en las circunstancias que se decidan? ¿Por qué no poner chivatos o alarmas, igual que ocurre en los coches cuando los ocupantes no se colocan el cinturón de seguridad, para que adviertan o recuerden a los profesionales en contacto con los pacientes que se han de lavar las manos antes de atender un paciente? ¿Para cuándo una carrera profesional por puntos? No piensen que soy partidario de una regresión a una cultura punitiva. Qué va; todo lo contrario. Finalmente colocarnos el cinturón de seguridad en los coches se ha convertido cuasi en una rutina, un acervo cultural, que salva vidas. De eso se trata. De inculcar actuaciones seguras que hagamos sin pensar. Como una acto inconsciente más de nuestra actuación profesional; de un eslabón más de nuestra cultura en seguridad.
Que no sea suficiente obtener una plaza o un contrato en un centro sanitario y tener "licencia para todo". Es necesaria la evaluación y recertificación de nuestros profesionales en términos de seguridad de los pacientes. A lo largo de la carrera profesional se debe obligar a los profesionales sanitarios a una formación continua que sea certificada por los organismos competentes. Y por qué no una carrera por puntos, en la que el incumplimiento de obligaciones en materia de seguridad de los pacientes (y otros ámbitos) detraiga los mismos, a la par que una carrera de aciertos y cumplimientos, los sume. 
 

La higiene de manos es barata, es efectiva, salva vida, ahorra dinero. Hagamos entre todos que los responsables y autoridades "muevan el culo" y legislen su obligatoriedad. Sería un buen punto de partida. Seguro que se nos ocurren muchos más. Todos saldremos ganando; sobre todo, la seguridad de los pacientes.

 

Comentarios   

# Aurora López Llames 25-06-2013 22:49
Gracias por el recordatorio. Me ha gustado mucho la reflexión histórica
# José María Ruiz Ortega 26-06-2013 06:21
Gracias a ti Aurora por proporcionarme el honor de "pasearte" por ésta modesta página
# Xose Manuel Meijome 27-06-2013 07:43
Hola José Mª... Es muy interesante el tema que sugieres y la revisión histórica con la que lo acompañas. En efecto en sanidad hemos tenido ya varios "informes de los 28000 accidentes" ('errar es humano','ENEAS' ,'APEAS'...) que nos han mostrado la crudeza de unos datos que invitan a la reflexión.

El tema de la higiene de manos es una constante y tal es así que much@s compañeras veteranas siempre que se habla de seguridad y sale esto dicen "pero otra vez? si llevamos toda la vida¡¡" pero ni en 100 vidas ni en 1000....

Es un tema muy complejo en el que los diversos factores se mezclan en cada centro e individuo de una forma particular.
Por un lado está su "medición" que es ya de por sí compleja pues la simple observación sesga el resultado pero el uso de sistemas de vigilancia (cámaras) para extraer datos reales sobre el tema se encuentra con condicionantes legales (en España). El uso de sistemas electrónicos como los de hygreen no parece atraer a los gestores que aún conociendo el costes de las infecciones nosocomiales temen enfrentarse a la reacción de los profesionales por tener que llevar encima un "chivato" sobre su cumplimiento de esta medida.

Porque no se trata de falta de conocimiento sobre la importancia del tema ni de una especie de "complot" de la masa contra los gestores se trata de algo que afecta profundamente al comportamiento humano...

La respuesta humana suele estar condicionada con estímulos si, pero también depende de la imitación de modelos y del "ambiente" social que le rodea.

Así que la estrategia debe ir encaminada a localizar a los 'lideres reales' y conseguir que su papel ejemplarizante cambien el ambiente respecto a la higiene de manos...

La medida que propones entra en el plano cohercitivo y, la verdad, puesto a ser drástico yo iría por el plano de la responsabilidad profesional pues las profesiones sometidas a un régimen de autorización vinculado a un título legal tienen o deberían tener organismos encargados de velar porque sus profesionales cumplan con la "lex artis"...
# José María Ruiz Ortega 27-06-2013 10:44
Estimado Xose: como siempre atinada tu respuesta y poniendo el dedo en la llaga. Estando de acuerdo contigo tengo que autoinculparme por lo mal que he explicado lo que pienso al respecto. No es ni mucho menos una vuelta a un ambiente coercitivo el que planteo; ni de lejos. Mas bien al contrario; de la misma manera que en los inicios de imponer la medida del cinturón de seguridad a muchos nos pareció insultante, innecesario e inútil, hasta que poco a poco nos fueron convenciendo de la bondad de su uso, hasta el punto de que hoy es raro que no te lo coloques antes de arrancar el vehículo, mucho más cuando si no lo haces se te activa una alarma machacante y molesta (por no oírla me lo coloco!), de la misma forma y partiendo con la ventaja de que todos conocemos las ventajas innegables para el paciente de la higiene de mano, proponía adoptar y adaptar la metodología y estrategia usada por la DGT para abordar, en su caso el tema del cinturón, en el nuestro el de las manos. Y habrá aciertos y fracasos en esas campañas para impregnar la idea y el acto;algunas estrategias nos parecerán excelentes, otras más mediocres. Objetivo final, la seguridad de los pacientes. Que los que poseen la responsabilidad de su atención interioricen esas medidas, que no siendo gravosas, no entiendo bien porque no se han popularizado y generalizado su uso. Me consta la incomodidad que genera, los cambios en la rutina a efectuar, pero, qué diantres, si benefician al paciente de manera importante, hay que hacerlas. Encontremos entre todos el mecanismo para lograrlo; qué se contraten expertos en marquetin o psicólogos capaces de modificar comportamientos viciados. No lo sé porque no soy experto y sería pretencioso por mi parte. Pero que se haga; los pacientes se beneficiaran; los profesionales también porque verán su propósito de cuidados o atención de sus pacientes alcanzado en mejores condiciones. Todos tienen que ganar con esta medida; todos. Pongámonos manos a la obra. Es mi parecer. El carnet por puntos para la seguridad podría llegar a ser una medida interesante, bien estructurada, y vista en positivo: si hacemos bien las cosas, sumaremos puntos que nos proporcionaran posibilidades de carrera y promoción y satisfacción por actuar correctamente. Hay que estudiarlo y profundizar en el concepto. Gracias Xosé por tu opinión y, sobre todo, por luchar con denuedo por la seguridad de nuestros pacientes.

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