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Sálvese quien deba:
La seguridad del paciente

Perfil profesional

perfil
José María Ruiz Ortega
  • Médico
  • Gestor sanitario
  • Máster en Gerencia de Organizaciones Sanitarias: ENS, EADA
  • Auditor Sanitario
  • Master en seguridad del paciente y gestión de riesgos sanitarios en École Centrale Paris
  • Presidente de la Asociación Española de Gestión de Riesgos Sanitarios y Seguridad del Paciente AEGRIS
  • Jefe de Servicio de Seguridad del Paciente. Subdirección General Calidad Asistencial, Seguridad y Evaluación Servicio Murciano Salud. Murcia.

Esta es mi opinión, que ni yo mismo comparto

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Me preocupa que la atención sanitaria que reciban los pacientes sea lo más segura posible; me interesa que los profesionales sanitarios trabajen en un ambiente libre de culpas, de cargas añadidas de trabajo y que hagan bien lo que saben; me gustaría que la organización sanitaria sea menos opaca y de verdad practique lo que predica: que el ciudadano es el eje del sistema de salud. Y que cuando todo se viene abajo, seamos capaces de afrontar la crisis con conocimiento y de la manera más propicia.

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SeguridadPaciente 

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Un paciente anestesiado cae de la mesa de quirófano durante el transcurso de una cirugía. Tras recolocarlo en la mesa y explorarlo se observa que no ha sufrido ningún daño aparente. Los profesionales discuten sobre si notificar el incidente al paciente o sus familiares sin llegar a ninguna conclusión, sobre todo por la incertidumbre que existe sobre si presentará daños más adelante. La revelación de este incidente queda a criterio de los profesionales en la mayoría de los países sin que exista ninguna normativa que lo regule.

Solo la posibilidad de que el paciente pueda desarrollar problemas posteriores puede justificar el argumento a favor de su notificación, incluso en ausencia de daño actual.  Si al paciente no se le informa podría, en un futuro, dificultar su comprensión y aceptabilidad, y por ende, la gestión del incidente.

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Una consideración adicional para esta comunicación abierta es la posibilidad de que el paciente se entere por cualquier otra circunstancia de su caída; su previsible reacción será de enfado y desconfianza hacia el equipo de profesionales. 

Por supuesto que siempre existe cierta incertidumbre sobre el grado de respuesta a esta notificación del evento adverso, por lo que la comunicación (o la ausencia) sobre un incidente puede resultar perjudicial en si mismo.

No existen políticas de comunicación de incidentes imprevistos en los sistemas de salud más conocidos. En algunos países, asociaciones de profesionales y de pacientes estudian e investigan sobre la materia. La información y discusión de estos incidentes tendría que formar parte de los programas de seguridad del paciente. Estas estrategias de transparencia, "open disclosure", han de incluir el reconocimiento del incidente, una disculpa si procede junato a una explicación sincera de lo sucedido; tranquilizar a los pacientes y sus familiares o cuidadores e informarles que el problema ha sido o está siendo analizado y que las conclusiones que se desprendan de la investigación servirán para ayudar a prevenir un problema similar en el futuro; y, desde luego, el apoyo a las víctimas para afrontar las consecuencias físicas y psicológicas que se deriven del evento adverso. 

Los argumentos que se invocan en favor de esta política de transparencia es la obligación de los centros sanitarios y profesionales de defender los derechos de los pacientes, la propia cultura de seguridad existente y el beneficio (para otros pacientes) que se obtenga de las conclusiones del análisis de la investigación del evento adverso. Probablemente esta estrategia de transparencia consiga que disminuyan demandas y reclamaciones.

Algunos países han regulado normativamente sobre la materia, por ejemplo Canadá (1), Australia (2), Nueva Zelanda (3) y Reino Unido (4). Estos países también han incluido en las estrategias la formación de sus profesionales. A pesar de estas políticas, la mayor parte de las veces no se consiguen alcanzar los resultados buscados. Por ejemplo, en el Reino Unido, voces autorizadas destacan la falta de transparencia y la existencia de brechas significativas entre lo planificado y los resultados conseguidos.

La transparencia en la comunicación con los pacientes, incluso cuando ocuren hechos adversos, es fundamental. Su aplicación muy difícil. En general se debiera informar de los incidentes cuando ocurren daños, con independencia de su magnitud. No se recomienda la información a pacientes y familiares si se tratan de incidentes sin perjuicio; lo normal es que esta decisión se deje a criterio de los profesionales implicados en base a las circunstancias que concurran en cada momento, siempre con la perspectiva de defensa de los intereses de los pacientes. 

Las barreras que dificultan la puesta en marcha de esta estrategia de transparencia han sido suficientemente descritas en la literatura científica (5) y son básicamente razones defensivas tales como recelo a ser señalados o sancionados, el temor a ver comprometido su prestigio o el miedo a las demandas judiciales o reclamaciones económicas. 

La idea principal que debe prevalecer por encima de todas es la honestidad. Pero muchos de los que quieren usar esta comunicación abierta no tienen las habilidades y pericia para desarrollar estas estrategias en su práctica profesional. Las mayores dudas son consecutivas a la incertidumbre de la ocurrencia de daños asociados con el incidente, la valoración de los beneficios y / o inconvenientes derivados de la notificación y la consideración de cuándo y cómo hacerlo - incluyendo explicación del daño sufrido o por acontecer - y por qué se produjo el problema; e imaginar o anticipar las posibles reacciones de los pacientes y familiares a esa política transparente.

Algunos pacientes que han sufrido daños a menudo hacen hincapié en la importancia de la completa transparencia en la comunicación sobre su atención de salud (6). Otras víctimas de un incidente adverso están enfadados y molestos y no siempre van a aceptar de buen grado esta estrategia, el perdón de los profesionales afectados o su renuncia a las reclamaciones o demandas. La diversidad de los problemas que pueden surgir en la atención sanitaria y la hetereogenidad de las personas que los sufren, junto con las limitaciones de la certeza de lo que debe informarse, hace que sea imposible desarrollar una receta clara y universalmente aplicable para una buena comunicación transparente y abierta.

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(1) Canadian Patient Safety Institute. Canadian disclosure guidelines. Being open with patients and families, diciembre 2012 www.patientsafetyinstitute.ca/English/toolsResources/disclosure/Documents/CPSI%20Canadian%20Disclosure%20Guidelines.pdf

(2) Australian Commission on Safety and Quality in Healthcare. Open disclosure standard: a national standard for open communication in public and private hospitals, following an adverse event in healthcare. Canberra: Australian Commission on Safety and Quality in Healthcare, 2003

(3) New Zealand Health and Disability Commissioner. Guidance on open disclosure policies, www.hdc.org.nz/media/18328/guidance%20on%20open%20disclosure%20policies%20dec%2009.pdf)  (2007, accessed 2 December 2012)

(4) UK Department of Health. Introducing the Statutory Duty of Candour, (https://www.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/295773/Duty_of_Candour_Consultation..pdf) (2014, accessed 6 October 2014).

(5) Barach PSmall SD. Reporting and preventing medical mishaps: lessons from non-medical near-miss reporting systems. Brit Med J 2000; 320: 759–763; Helmreich RLMerritt AC. Culture at work: national, organizational, and professional influences, London: Ashgate, 1998.

(6) Kuzel AJWoolf SHGilchrist VJet al. Patient reports of preventable problems and harms in primary health care. Ann Fam Med 2004; 2: 333–340; Mazor KMGreene SMRoblin Det al. More than words: patients’ views on apology and disclosure when things go wrong in cancer care. Patient Educ Couns2013; 90: 341–346. 

 

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