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Sálvese quien deba:
La seguridad del paciente

Perfil profesional

perfil
José María Ruiz Ortega
  • Médico
  • Gestor sanitario
  • Máster en Gerencia de Organizaciones Sanitarias: ENS, EADA
  • Auditor Sanitario
  • Master en seguridad del paciente y gestión de riesgos sanitarios en École Centrale Paris
  • Presidente de la Asociación Española de Gestión de Riesgos Sanitarios y Seguridad del Paciente AEGRIS
  • Jefe de Servicio de Seguridad del Paciente. Subdirección General Calidad Asistencial, Seguridad y Evaluación Servicio Murciano Salud. Murcia.

Esta es mi opinión, que ni yo mismo comparto

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Me preocupa que la atención sanitaria que reciban los pacientes sea lo más segura posible; me interesa que los profesionales sanitarios trabajen en un ambiente libre de culpas, de cargas añadidas de trabajo y que hagan bien lo que saben; me gustaría que la organización sanitaria sea menos opaca y de verdad practique lo que predica: que el ciudadano es el eje del sistema de salud. Y que cuando todo se viene abajo, seamos capaces de afrontar la crisis con conocimiento y de la manera más propicia.

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En esta ocasión me honra con una magnífica, acertada y dura reflexión en el blog, el Dr. Carlos Fernández Herreruela (Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.), licenciado en medicina y cirugía en Madrid donde, en 1995 y después de un variado y multidisciplinar ejercicio asistencial, aterriza en el cargo de director médico de Aon liderando un equipo nacional de peritos médicos, abogados, economistas y administrativos centrados en diseñar, asesorar y prestar servicio a todas las instituciones sanitarias públicas y privadas clientes de este corredor de seguros. Desempeña, además, de manera perfecta y muy orgulloso el cargo de Secretario de la Junta Directiva de aEGRis.
 
 



 Cuando me preguntan por las estadísticas y los resultados de la experiencia del aseguramiento de los servicios sanitarios públicos y privados me siento mal con mi profesión. Soy médico y, aunque desde hace casi 20 años trabajo en el mundo de los seguros, nunca he pensado que dejara de serlo. 
 
Como asistencial he desempeñado trabajos muy complicados e incluso, a veces, incómodos. No obstante, siempre he conseguido disfrutar profesional y personalmente  de ellos y darles el enfoque vocacional que como “galeno idealista” me ha movido siempre en mi ocupación, desde la elección de profesión hasta el modo en que trato los seguros de responsabilidad sanitaria.
 
Estoy convencido y, de momento lo seguiré estando, que un buen aseguramiento en Sanidad mejora la calidad. Muchos son los motivos a favor que se pueden esgrimir, como tantos en contra: trabajar con seguridad, sin miedo a las consecuencias económicas de mis inadvertidos, humanos y excusables errores mejora la relación con mis pacientes y el resultado de esa intervención; mientras que otros pudieran pensar que alejar las consecuencias de mis errores relaja en exceso mi cuota de auto responsabilidad y permite deslices más frecuentes.
 
La relación que defiendo no la inicia la simple existencia de seguro, sino la adecuación del mismo, el diseño más avanzado y maduro de un contrato de aseguramiento. En ese camino, la responsabilidad en el buen funcionamiento de las partes implicadas es el secreto para la cobertura perfecta y, si una de esas responsabilidades es la de encontrar un precio adecuado, no lo es menos la de informar bien al asegurador, la de pagar ágilmente las indemnizaciones (o no pagarlas cuando no se debe), la de reconstruir el prestigio del asegurado, diseñar planes de prevención y evitación de errores, la colaboración profesional entre las partes y, por último, la adecuada evaluación de los resultados. 
 

 

Es decir, desde mi visión, las estadísticas de siniestralidad sanitaria se elevan a un papel tan importante en la madurez de la gestión del riesgo transferido como la del establecimiento de un precio adecuado. Defiendo por tanto que tan caro es para una aseguradora, garantizar un riesgo para el que no hay prima suficiente, como prestar oídos, ojos o neuronas de cualquier especie a una estadística incierta, poco rigurosa o simplemente falsa. Y esto es muy importante, especialmente, en época de crisis económica como la que vivimos o acabamos de vivir.
 
Pues bien, retomando mi idea, un buen aseguramiento de la Responsabilidad Sanitaria ha de acompañarse siempre de una mejor calidad asistencial, y este convencimiento no tiene más refrendo que la propia experiencia. El KnowHow que decimos ahora en empresas multinacionales como la mía (antes se hablaba de viejos y de diablos y ahora con un simple y bárbaro “knowledge exchange” nos quedamos más tranquilos por más internacionales). Cierto que no es consecuencia única lo uno de lo otro ni lo primero suficiente ni necesario para lo segundo, pero influir,  influye. 
 
Además, empleando lenguaje pericial, las mismas con-causas de un buen aseguramiento lo son de una buena calidad asistencial; un sistema complejo de funcionamiento como lo es cualquier sistema sanitario, en el que tan importantes resultan las ruedas como la velocidad con que giran, como sus engranajes mutuos, depende de las partes, del todo y de sus múltiples conexiones. Ello resulta tan aplicable a la calidad como al aseguramiento y la relación de la calidad con la seguridad de los pacientes y de los profesionales (ambos pueden ser terceros beneficiarios en las pólizas de responsabilidad civil patrimonial sanitaria) es claramente indudable.
 
 
 
Trabajo convencido, por tanto, de que cada vez que consigo mejorar las primas, aumentar las coberturas, agilizar la respuesta de un asegurador o incrementar el nivel de información aportado por lo asegurados, estoy colaborando al crecimiento de la calidad asistencial y, por consecuencia, la seguridad de trabajadores y pacientes. Debemos convencernos también que lo mismo sucede cuando somos capaces de mejorar la calidad y perfección de las estadísticas. 
 
Esta moderna manera de mentira (como la han llamado algunos sociólogos) es la fotografía fundamental del escenario del riesgo sanitario, especialmente, en la sanidad pública. Los aseguradores no saben qué hacer sin estadísticas de siniestralidad. El problema es que, si bien las cifras no mienten, los mentirosos también usan cifras y las estadísticas se emplean para hundir y reflotar mercados. En este caso para buscar aseguramientos imposibles o difíciles de obtener por otra vía que no sea la de pagar un precio muy elevado por el riesgo. También son empleadas políticamente para enseñar una ficción como real mostrando campos de calidad y seguridad donde reina más azar y desconcierto que armonía. Todo ello perjudica enormemente a un adecuado aseguramiento y, a la postre, no les quepa duda, a la seguridad de sanitarios y pacientes. Hemos de ser tremendamente sinceros y transparentes para obtener una adecuada respuesta de quien va a convertirse en nuestro compañero de riesgo durante la vigencia de la póliza. Si el problema es que vivimos en el mundo de la medio verdad y en el mercado de las oportunidades y de lo aparente hemos de terminar con esa tendencia y dejar de usar la estadística para ocultar la verdad que no queremos reconocer.
 
Si se dan cuenta, hoy, después de más de veinte años de aseguramiento en sanidad y muchos de estrategias de seguridad de pacientes y estudios de calidad, no tenemos estadísticas ciertas uniformemente aceptadas y comparables entre sí que nos pudieran permitir elegir hospital, médico, comunidad autónoma o medio público-privado para una determinada enfermedad. Todo depende de para qué y cuándo se publiquen. Tendré muchos detractores por lo que acabo de afirmar, y más por lo que aún no he dicho, pero pienso que, en nuestro más profundo interior, todos estamos convencidos de ello.
 
En este estado de indefinición de resultados, si tengo que elegir y puedo hacerlo, con mi nivel de conocimiento actual como médico, corredor y perito de seguros, me decidiría antes por un sistema sanitario público o privado con un programa de seguros bueno, completo y sólido que por otro que no tenga ninguno (cosa que sólo ocurre en una administración pública), o que sea malo e insuficiente (como muchos que conozco en la privada). Y todo ello a la espera del día en que la estadística se emplee como de verdad se debería; para identificar la realidad. Mientras seguiré intentando mejorarlas y destacar la importancia de respetarlas en su integridad. Visto desde ese punto de vista, me puedo seguir sintiendo médico y de los que me gustan porque desde este mi trabajo puedo colaborar a que los sanitarios trabajen más seguros y los pacientes se curen mejor. 
 
¿Qué más puedo pedir?

 

 

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