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A veces

Sálvese quien deba:
La seguridad del paciente

Esta sección quiero dedicarla a recoger contenidos diversos: apuntes, notas, glosas, anotaciones, diatribas (mejor griegas), ideas varias propias o ajenas. Todas ellas sin ánimo de ofender, más bien de entretener, de pasear por temas que me resulten atractivos por cualquier razón no necesariamente importante. De medicina o no; de seguridad del paciente, probablemente tampoco. Algo de gestión sanitaria y mucha de lo que nos rodea. Solo eso. Sin pretensiones.

Sobre herencias biológicas

El término genético se utiliza cuando se hace referencia a la genética; génico, cuando se aplica a lo relativo a los genes, y genómico, a lo relativo al genoma.

Genético es lo ‘perteneciente o relativo a la genética’, entendiendo la genética como la parte de la biología que trata de la herencia y de lo relacionado con ella.

Génico es algo ‘perteneciente o relativo a los genes’. Ejemplo de ello es su uso en el contexto de «Los científicos xxx buscan garantizar el flujo génico mediante la convivencia de las dos especies en la misma zona», en el que se hace referencia a los genes que podrán desplazarse de una población a otra.

Genómico se define como lo ‘perteneciente o relativo a la genómica’, especialidad dedicada al estudio del genoma —que para el Diccionario de términos médicos es la ‘dotación total de los genes presentes en una célula, [...] que constituye el material genético hereditario’—: «Un estudio genómico desvela más de 300 mutaciones del ébola».

 

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Es frecuente encontrar en la prensa ejemplos en los que estas palabras se intercambian a pesar de no ser equivalentes. 

Se recomienda no utilizar estos términos como sinónimos, ya que encierran significados distintos.

El riesgo de imprecisión que se genera así es evidente, incluso entre la clase sanitaria. En algunos casos la diferencia es nimia y una mera cuestión de estilo; en otros casos, el riesgo de confusión puede ser grave. En genética médica se distinguen diversos tipos de “mutaciones genéticas”, como las “mutaciones génicas” (por cambio en la secuencia de bases de un gen o transformación de un alelo en otro), las “mutaciones cromosómicas” (por modificación estructural de un cromosoma) y las “mutaciones genómicas” (por modificación del número de cromosomas en el genoma de un organismo).

El profesional sanitario que no sea capaz de distinguir con precisión entre ‘genético’, ‘génico’ y ‘genómico’ se armará con todas estas mutaciones un lío monumental. 

Estar encinta

Aunque suena mejor que la tosca definición de “estar preñada” que todavía se oye por ahí, el término “estar encinta” suena raro, o al menos curioso. Pero, ¿de dónde viene esta expresión? Como casi todo, proviene del latín. De la palabra “incincta”, que significa “sin ceñir” o “desceñida”, ya que al quedar embarazada y para evitar apretar al feto, la mujer abandonaba el ceñidor o cinta con el que sujetaba sus vestidos al talle. El encintado era, en su época, distintivo de la condición de mujer casada. 

 

 

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Así que de ahí lo hemos heredado. Igualmente, me sigue sonando muy cursi como “estar en estado de buena esperanza”. Pero, en fin.

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La mujer encinta
(
La Donna Gravida)
Rafael Sanzio, 1505-1506
Óleo sobre tabla • Renacimiento
66 cm × 52 cm
Palacio Pitti, FlorenciaFlag of Italy.svg Italia

 

En latín para nombrar a una mujer embarazada se solían usar, según Festo en De verborum significatu, tres palabras en función del momento de la gestación:

gravida est, quae jam gravatur conceptu: praegnans velut occupata in generando, quod conceperit: inciens propinqua partui, quod incitatus sit fetus ejus,

(gravida es la mujer ya pesada por la preñez, praegnans es la que está embarazada, inciens la que está próxima al parto).

El término praegnans que es el más frecuente en latín, hoy es considerado vulgar, y más apropiado para hablar de las hembras de los animales.

-embarazada, procede de un sustrato lingüístico prerromano. Aparece en el leonés y en el portugués embaraçar, que deriva evidentemente de baraça que significa lazo, cordel, cordón.

-encinta Al buscar el origen de esta palabra nos encontramos con varios planteamientos:

(Del lat. incincta, desceñida).

1.  adj. Dicho de una mujer: preñada.

Sigue a San Isidoro quien nos dice en Etimologias XIncincta, id est sine cinctu; quia praecingi fortiter uterus non permittit.

  • el de J. Corominas que en Breve diccionario etimológico de la lengua castellana 3ª edición, pág. 231  plantea otra posibilidad:

ENCINTA,  h. 1330. Del lat. tardío INCINCTA íd., S. VII, de origen incierto. Probablemente se trata de una evolución del lat. INCIENS, -TIS., pronunciado INCENTA en el habla popular, que el latín vulgar modificó luego leveme nte como si fuese derivado de CINGERE, "ceñir", interpretándolo unos como si significara "no ceñida, desceñida" (como suele ir la mujer grávida), y otros como si fuese derivado de INCINGERE "ceñir o rodear (algo)", aludiendo a las cintas y fajas benditas que solían ponerse la futuras madres.

En este último sentido también Covarrubias en Tesoro de la lengua castellana (1565) dice:  Estar encinta, es estar preñada, porque tiene ceñida la criatura.

Francisco García Jurado propone que la forma incincta (encinta) debe relacionarse con  el prefijo in- como intensivo, frente al valor privativo que le confiere San Isidoro.

Este valor intensivo, en opinión de A. Pariente, 1973, unido al carácter de impedimento que algunas prendas romanas presentaban, propició el sentido figurado de «impedida de movimiento» para designar a la mujer embarazada.

Se conoce que en la antigüedad, las mujeres embarazadas llevaban bandas de tela para sujetar el vientre pesado de los últimos meses de gestación y se les recomendaba que a partir del octavo mes se sujetasen el vientre con un vendaje que pasra por la espalda y los hombros, y que este se aflojara al final del noveno mes para que el peso acelere el nacimiento.

Además de esta venda las mujeres sujetan su pecho con otra que al igual que la anterior Sorano recomienda se quite en el momento del parto para facilitar la respiración, y cumplir con la tradición que recomendaba que no hubiera ninguna atadura física, soltándose la mujer incluso el cabello.

No se trata de una recomendación médica, sino religiosa y mágica así se aprecia en algunos hechos, como que después del parto las mujeres entregaban a la diosa su cinturón, Anthologia Palatina VI, 200, 201, 201, 272

200. Después del parto Ambrosia , que  ha escapado de los amargos dolores, deposita a tus gloriosos pies I litía , las cintas de su pelo el velo  en el que después de diez meses  de embarazo  dio a  luz  gemelos.
201. Sandalias una  rica banda un bucle  perfumado  de  pelo, un cinturón , la  tela ligera de un vestido interior, bellas tiras para  sujetar  el  pecho  es  lo que  Ambrosia  después del parto,  habiendo escapado a los  peligros  del embarazo ofrece  en su templo  a  Diana , su benefactora .
202. Este  hermoso cinturón  con  flecos  y   esta túnica, Atthis las ha colocado  sobre  las puertas de su templo, oh diosa de las doncellas, hija de Latona, ya que en un peligroso parto, tú has traído sano y salvo a la vida a su niño.
272. Este  cinturón esta  túnica  de flor es esta  banda  que sujetaba estrechamente su pecho ,  Timaessa te los consagro,  hija  de  Latona agradecida por haber  escapado  después de diez meses de embarazo  a  los dolores de un laborioso parto.

La costumbre de la faja de la embarazada y sus connotaciones simbólicas y mágicas se mantuvo, así durante la Edad Media las mujeres embarazadas se ceñían con cintas y fajas bendecidas por la divinidad para proteger el feto y asegurar un buen parto. Prueba de ello son la gran devoción que surgió en torno a las cintas bendecidas de la Virgen entre las que destaca Nuestra Señora de la Cinta de Tortosa (Tarragona) que se venera en España desde finales del siglo XII.

 

Morir de amor

A VECES, la vida deja de hacer camino de manera inesperada y trágica. La retórica del romanticismo nos invoca a referir la figura de la "muerte por amor" a las ideaciones poéticas o fantasías de escritores, novelas de lectura fácil o de aquellas que se usan para poder conciliar el sueño de manera rápida por aburrimiento. De ahí que “morir de amor” se considere, ante todo, una licencia poética. Pero no siempre -ni desgraciadamente- es así. ¿De qué manera Lola podrías sobrevivir a tu Miguel Ángel? Y a la inversa, Miguel Ángel es obvio que sin Lola eras incapaz de dar un paso sin tropezar. Por eso el destino de manera imprevista y brutal, siempre injusto, truncó vuestra etapa vital de la única manera posible que hubieséis admitido de poder elegir: juntos. Dejáis un reguero de recuerdos inenarrables. Y sobre todo vuestra gran obra, los mellizos, Edu y Susana que harán viable vuestro desbaratado proyecto vital. Incomprensiblemente, el destino nos ha privado de vuestra compañía. Os habéis alejado hacia sombras lejanas en hilos de agua con algunos sueños inacabados.

Pero en esa soledad es necesario prescindir de la presumida retórica del lenguaje. Basta con comprender que no existís, para afirmar que ya sois contemporáneos en nuestra memoria. Todas las demás cosas que pueda escribir se encuentran desmoronadas sobre mi tristeza. Amigos, como binomio inseparable no encuentro la manera de poder nombrar este atropello trágico; así que solo puedo afirmar que "morir de amor" no es una licencia poética. Lo habéis demostrado.

Sudar la polla: su origen

El origen de la expresión “sudar la polla”

Parece difícil creer que una expresión tan vulgar pueda tener un origen no solo antiguo sino incluso científico.

En los “Tratados Médicos” de Hipócrates se encuentra descrita una afección extremadamente particular, explicada en función de los cuatro elementos: el exceso del fuego y del agua en los individuos de una cierta edad provocaba una especie de fiebre, que concentrándose en la zona alrededor de los genitales producía abundantes sudores.

La descompensación de los elementos conllevaba además una relajación de algunas zonas del cerebro que daban lugar a un desprecio por  los problemas importantes. De ahí que desde entonces estuvieran asociados los sudores en torno al pene con la pasividad y la inacción.

Aunque no hay testimonios escritos ni médicos al respecto, se cree que Sócrates fue víctima de este síndrome, de ahí la parsimonia y la tranquilidad con que vivió su proceso y su condena a muerte.

De hecho, en una copia muy antigua de “La apología de Sócrates” de Platón se lee al margen un comentario anónimo: “Estaba claro que le sudaba la polla“.

Fuente: http://emitologias.com

 

Direcciones médicas de hospitales

A veces recuerdo aquellos primeros años de mi andadura profesional cuando se implantaron a nivel de Insalud los primeros equipos directivos en hospitales. Desde su génesis, el conflicto enfermería/médicos se enconó, cuestión ésta que aún no está bien ni mal resuelta. Las direcciones de enfermería al mismo nivel que la de médicos provocó un cierto escozor que todavía no ha podido ser sanado.

¿Y las direcciones médicas? Pienso que estas nacieron ya en crisis. Y aunque en un principio y durante una larga etapa fueron fácilmente cubiertas por aquellos facultativos que quisieron probar el nuevo plato de la gestión, hoy, tras casi 30 años de vida, su cobertura parece difícil de alcanzar por el propio hastío de los profesionales médicos.