Sígueme

A veces

Sálvese quien deba:
La seguridad del paciente

Seguridad del Paciente: Buenas intenciones, pobres resultados


SEGURIDAD DEL PACIENTE. ESTADO ACTUAL

Buenas intenciones, pobres resultados

 

Dr. Fabián Vítolo

NOBLE Compañía de Seguros

Argentina

 

Han pasado 25 años desde que investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard publicaran el primer estudio científico acerca de la incidencia de eventos adversos y negligencias en pacientes hospitalizados. El Harvard Medical Practice Study (1) reveló que 4 de cada 100 pacientes internados sufrirían daños a consecuencia del accionar médico (eventos adversos), y que la mitad de los mismos podrían haber sido prevenidos. El trabajo fue la piedra angular sobre la cual se basaron otros estudios realizados en distintos países que confirmaron esta realidad. Entre el 4% y el 13 % de los pacientes internados, según distintas estadísticas, sufrirían eventos adversos vinculados con su internación.(2)(3)(4)(5)(6)(7)(8)(9)Un porcentaje no despreciable de estos daños son graves y pueden evitarse, muchas veces con medidas simples, hasta en el 50% de los casos. Los trabajos en el ámbito ambulatorio son más escasos, pero también muestran márgenes de error importantes.

En otro hito, el Institute of Medicine de los Estados Unidos publicó hace ya 16 años el informe “Errar es Humano”, según el cual morirían a causa de errores médicos evitables entre 44 mil y 98 mil norteamericanos.(10) Estas revelaciones pioneras pusieron en el centro de la escena el problema y gatillaron una multiplicidad de acciones tendientes a revertirlo en todo el mundo. A lo largo de estos 20 años se viene acumulando conocimiento  sobre cuáles son las mejores prácticas para aumentar la seguridad de la atención. Sin embargo, después de todo este tiempo y esfuerzo es muy poco lo que hemos mejorado y sólo unos pocos hospitales de avanzada pueden demostrar la adherencia y compromiso con medidas de seguridad básicas. Creemos entonces oportuno, luego de enumerar todo lo que se ha hecho a lo largo de estos años, reflexionar acerca de su impacto real en la práctica de todos los días y preguntarnos por qué no hemos podido avanzar más rápido. Sólo así se podrán diseñar soluciones efectivas.

¿25 años no es nada?

Repasemos algo de todo lo que se ha hecho hasta hoy desde la publicación de los trabajos mencionados:

·    Varios países realizaron estudios nacionales para tratar de determinar la incidencia de eventos adversos en sus hospitales: Australia, 1994 (13%); Reino Unido, 2000 (11%); Nueva Zelanda, 2001 (13%); Dinamarca, 2001 (9%); Canadá, 2004 (7,5%), España, 2006 – Estudio ENEAS- 9,3%; Latinoamérica, Cinco países - incluyendo Argentina- 2010. Estudio IBEAS, (12%) . (Referencias bibliográficas 2 a 9)

·      Desde la Universidad de Manchester, James Reason, especialista en psicología cognitiva,  nos brindó la base teórica que permitió comprender mejor por qué ocurren los accidentes médicos, inmortalizada en el “Esquema del Queso Suizo”. (11) Los seres humanos somos muy falibles y confiamos en funciones cognitivas débiles, como la atención y la memoria. La mayoría de los errores “activos” resultan de condiciones “latentes “en el sistema”(diseño de procesos, condiciones de trabajo, etc.). Las barreras defensivas que interponemos entre el peligro y el paciente son muy vulnerables.

·   Se desarrollaron, inspirándose en otras disciplinas como la aeronáutica y la ingeniería nuclear, sistemas de reporte de incidentes y herramientas analíticas que permitieran una mejor comprensión de los errores médicos (análisis de causa raíz, análisis de modos de falla y efectos, matrices de riesgo, etc.). (12)(13)(14)(15)

·      Se crearon asociaciones nacionales específicamente dedicadas a la seguridad del paciente (EE.UU, Reino Unido, Canadá, Australia) (16)

·       Aparecieron importantes ONG’ s abocadas a la investigación en calidad y seguridad del paciente, entre otras el Institute for Healthcare Improvement (IHI), National Quality Forum (NQF). Las que ya se dedicaban a Calidad, incorporan el tema de seguridad como una de sus prioridades. (17)

·      Comenzó la publicación de  revistas científicas especialmente dedicadas a este tema. Como ejemplos vale citar:BMJ on Quality and Safety, Journal of Patient Safety, The Joint Commission Journal on Quality and Patient Safety, etc

·      Se creó la figura del Comité de Seguridad de los Pacientes en varios hospitales. Los planes de seguridad comenzaron a ser un requisito para acreditar instituciones.

·      Se definieron las mejores prácticas de seguridad (ej: National Quality Forum, en el año 2003, con actualizaciones periódicas) (18) y la Joint Commission estableció en 2002 objetivos de seguridad concretos para los distintos ámbitos de atención que se actualizan anualmente.( JCAHO National Safety Goals).(19)

·      Desde la OMS (2007),  se aportaron algunas posibles soluciones para la seguridad de los pacientes y se definieron prioridades: medicamentos de aspecto o nombres parecidos, identificación de pacientes, comunicación durante los traspasos, realización del procedimiento correcto en el lugar del cuerpo correcto, control de soluciones concentradas de electrolitos, evitar los errores de conexión de catéteres y tubos, evitar errores de medicación, higiene de manos para prevenir infecciones, etc.(20)

·      Se desarrollaron con fines de benchmarking indicadores específicos de seguridad del paciente (AHRQ – Agency for Healthcare Research and Quality 2011) (21) y se refinaron algunas herramientas para identificar errores a partir de las historias clínicas (”Trigger Tools”, IHI 2003) (22)

·       Se creó la Alianza Mundial por la Seguridad del Paciente (2004) y desde allí se lanzaron importantes campañas de seguridad como “Manos limpias Salvan Vidas” y “Cirugía Segura Salva Vidas”. A partir de esta última iniciativa se desarrolló el listado de verificación de seguridad en la cirugía, que demostró reducir un tercio la morbimortalidad del paciente quirúrgico. (23)

Efectos concretos

Pese a todos estos esfuerzos, no parece haber grandes progresos. En el año 2010, investigadores de Harvard publicaron un estudio retrospectivo sobre la tasa de eventos adversos en 10 hospitales de Carolina del Norte a lo largo de cinco años, entre 2002 y2007.(24) La elección de dicho estado no fue casual: los hospitales de Carolina del Norte habían demostrado un compromiso mayor que otros estados en los esfuerzos para mejorar la seguridad de los pacientes. El 96% de las instituciones de Carolina del Norte se encontraban enroladas en campañas nacionales de seguridad, en comparación con un promedio de 78% de otros estados. A priori, se esperaba una tasa menor de daños que la media nacional. Revisores entrenados en la utilización de “Trigger Tools” analizaron 2341 historias de internación. El Global Trigger Tool (GTT) es una herramienta que permite identificar errores a partir de indicios que aparecen en las historias clínicas (ej: naloxona, para revertir una depresión respiratoria, pedidos de radiografías que no se condicen con el diagnóstico -para identificar caídas- etc.). Tiene la ventaja de no depender del reporte individual. Los resultados del “mejor alumno” fueron pobres: el 18% de los pacientes fue dañado y el 2,4% falleció a consecuencia de eventos adversos. El 63% de los daños fue considerado por los expertos prevenible. Los autores concluyen que el daño evitable sigue siendo común y que hay pocas evidencias de mejoras significativas, necesitándose redoblar los esfuerzos para incorporar intervenciones de seguridad efectivas en la rutina de todos los días.

En septiembre de este año 2013, John James publica una nueva estimación basada en la evidencia del daño asociado a la atención hospitalaria.(25) El objetivo era saber si la clásica cifra publicada en el informe “Errar es Humano” de 44 mil a 98 mil muertes anuales en los EE.UU por eventos adversos se había modificado a lo largo de estas últimas décadas (aquel informe se hizo con datos de la década del ’80). Para ello revisó los principales estudios publicados entre los años 2008 y 2011. Todos estos utilizaron el Global Trigger Tool (GTT) como herramienta de identificación. Probablemente por este mayor refinamiento en el instrumento de identificación, los resultados fueron aún más alarmantes que los de aquel primer informe. El autor calcula en su país un mínimo de 210.000 muertes por año asociadas a daños prevenibles en hospitales.  Dadas las limitaciones en la capacidad de búsqueda del GTT y las deficiencias de la documentación, de la cual el GTT depende, el autor estimó el número real de muertes prematuras asociadas a daños prevenibles en más de 400.000 por año. Los daños serios  serían entre 10 y 20 veces más comunes que el daño letal.

En el ámbito quirúrgico, el panorama tampoco es alentador. Pese a que se conocen desde hace muchos años las mejores prácticas para evitar eventos adversos tales como errores de lado, de paciente u oblitos (protocolo universal, listado de verificación de seguridad de la cirugía, etc.), los “accidentes” de este tipo continúan apareciendo con una frecuencia elevada. W. Mehtsun, del Departamento de Cirugía del Hospital John Hopkins estima, a partir de la revisión de juicios por mala praxis a cirujanos, que se producirían más de 4.000 eventos de este tipo por año en los Estados Unidos… (26)

En el estudio más reciente sobre el peso global de la atención médica insegura, Ashish H Jha, de la Escuela de Salud Pública de Harvard e Itziar Larizgoitia, de la Organización Mundial de la Salud, utilizando un abordaje conservador, llegan a la estimación de que la atención médica insegura produce a nivel global 43 millones de injurias por año y cerca de 23 millones de DALYs perdidos a consecuencia de estos daños.(27) Los DALYs (disability-adjusted life years) son indicadores que se utilizan para medir la carga de una enfermedad. Combinan los años potenciales de vida perdidos más los años vividos con discapacidad. Dos tercios de estos eventos adversos se producen en países de bajos y medianos recursos. Cuando comparan la carga de los eventos adversos estudiados (limitados sólo a 7 categorías) con otras condiciones tales como la enfermedad cardiovascular, llegan a la conclusión de que el daño médico se ubica en el puesto nº 20 dentro de las principales causas de morbimortalidad de la población mundial. Concluyen que si bien el sufrimiento relacionado con la falta de acceso a la atención continúa siendo un problema en muchos países, resulta también crítico evaluar la calidad y seguridad de la atención brindada una vez que la persona accede al sistema. Si bien se deben refinar estos datos, los hallazgos deberían ser un llamado a la acción para quienes definen las políticas de salud, haciendo de la seguridad de los pacientes una prioridad internacional

Del conocimiento a la acción. ¿Por qué cuesta avanzar?

  • Falta de reconocimiento de la inseguridad como un problema de salud pública

A pesar de la publicación de varios trabajos sobre el peso humano y económico de los eventos adversos, la seguridad de los pacientes no termina de ser reconocida como un problema de salud pública, sobre todo en países en desarrollo que afirman tener otras prioridades en la agenda. La mayoría de los esfuerzos para mejorar la salud de la población global se han focalizado en mejorar la prevención y tratamiento de enfermedades con significativa morbimortalidad, buscando mejorar el acceso a terapias que permiten salvar vidas en todo el mundo. Estos esfuerzos han comenzado a dar frutos, con mayor acceso a drogas antimalaria y antirretrovirales (para pacientes HIV), por ejemplo. Sin embargo, los eventos adversos evitables no terminan de ser reconocidos como una verdadera “pandemia”.  Muchos sanitaristas consideran a la seguridad de los pacientes como un tema de países de altos ingresos y con recursos, en donde la mayoría de la población tiene acceso básico a la salud. Sin embargo, sería en los países pobres donde más gente muere o es dañada por errores una vez que accede al sistema. A su vez, estos errores en la atención generan en países de bajos recursos desconfianza en el sistema, alejando a las personas y transformándose en una barrera más para el acceso. Un verdadero círculo vicioso.

  • Carencia de datos y de vigilancia epidemiológica
Otro factor que dificulta el progreso es la carencia de datos y de vigilancia epidemiológica. Las evidencias son todavía muy recientes y en su mayoría se encuentran limitadas a ciertas condiciones en pacientes internados, sin mayores datos en el ámbito ambulatorio. Las mejoras de las últimas décadas en la morbimortalidad materno-infantil se debieron en gran parte a que la mayoría de las naciones deben reportar sus indicadores y resultados. Tal vigilancia hace falta también en otros ámbitos de atención (cirugía, anestesia, emergencias, etc.).
  • Fracaso en la aplicación de los conocimientos técnicos existentes
Por otra parte, la mayoría del personal sanitario considera que hace las cosas bien pero no las hace. Se fracasa sistemáticamente en la aplicación de los conocimientos técnicos existentes. Pese a que se sabe desde hace años que el antibiótico profiláctico administrado dentro de la hora de la incisión de piel disminuye a la mitad la infección del sitio quirúrgico,(28)(29) continúa observándose una coordinación inconsistente de esta profilaxis.(30) Las operaciones del paciente incorrecto en el sitio incorrecto persisten  a pesar de la alta publicidad de tales acontecimientos (26) (31) y las complicaciones anestésicas son 100- 1000 veces más altas en los países que no adhieren a los estándares de supervisión.(32) La lista de medidas simples y efectivas para prevenir daños que no se cumplen podría ocupar varios tomos: lavado de manos, identificación de pacientes, manejo de medicación de alto riesgo, medidas para prevenir caídas, paquetes de medidas  para prevenir infecciones de catéter y neumonías en UTI, etc… Evidentemente se está fallando no sólo en la transmisión del conocimiento dentro de las organizaciones, sino también en la transformación de dicha información en acciones efectivas.
  • Barreras culturales

Persisten todavía numerosas barreras culturales que no terminan de derribarse. Una de las principales es la falta de liderazgo y compromiso con este problema de quienes tienen la responsabilidad de llevar adelante las organizaciones de salud. Todavía se privilegia en muchos lados la productividad por sobre la seguridad y hay resistencia para invertir en los recursos humanos y económicos que se necesitan para avanzar en la seguridad de los pacientes. Por otra parte, los problemas de fondo continúan sin resolverse. Mientras no se aborden seriamente las condiciones de trabajo, la capacitación, los procesos y el diseño y mantenimiento de equipos es poco los que se podrá avanzar.

Otra gran barrera cultural es el escepticismo de quienes deben implementar las medidas de seguridad. La mayoría de los médicos no creen en la magnitud del problema. Al manejarse con pequeños números, los resultados de las investigaciones realizadas a gran escala no se condicen con su experiencia personal. A esto se suma que por defecto de formación la mayoría de los médicos son individualistas, con poco entrenamiento en comunicación y trabajo en equipo. Para muchos profesionales, la seguridad de los pacientes depende más de la excelencia individual que de la armonía dinámica de los distintos actores que participan de una atención cada vez más fragmentada.  El concepto de fallas de sistemas aparece frente a los médicos como algo vago y complicado, que va en contra de todo lo que les enseñaron. Hay una tendencia a pensar que culpar al sistema significa evadirse de la responsabilidad individual que tienen como médicos de hacer los mejor para sus pacientes con el menor margen de error posible. Ambas cosas son necesarias: la búsqueda de la excelencia a nivel individual y los cambios en el sistema para poder aprender de los errores y minimizar el daño.

Es precisamente este individualismo el que determina una gran discrecionalidad en la atención de los pacientes. Hoy con el título de especialista el límite lo determina el propio médico sin mayor control. Un cirujano puede estar operando todo el tiempo que él considere necesario, un hemodinamista puede realizar una cantidad impresionante de procedimientos por día, un médico puede salir de una guardia de 24 hs e ir a operar a su hospital, etc. Y nadie los frena. Se depende del criterio individual…Cualquier sistema que permite que sus integrantes trabajen en forma ilimitada tomando decisiones autónomas sin mayor regulación ni imposición de límites es altamente inseguro. Está absolutamente comprobado que los mayores niveles de inseguridad no se deben a incompetencia. En ámbitos complejos los mayores riesgos suelen correrlos quienes desafían los límites de su propio desempeño. Los sistemas de seguridad desarrollados en otras industrias de riesgo niegan aún a los más experimentados la absoluta discrecionalidad. En nuestra visión individualista nos molesta que nos pongan límites, regulaciones o evaluaciones de desempeño. Si se quiere avanzar, los profesionales deberán ceder algo de autonomía en pos de la seguridad del sistema.

Otra barrera cultural es la tolerancia frente al error. Los médicos nos hemos acostumbrado a convivir con el error y a ser excesivamente tolerantes con el mismo. Solemos tomar a la mayoría de los errores como fatalidades del destino o hechos fortuitos. ¿Se equivocó de lado?, le puede pasar a cualquiera, ¿Se dejó una gasa?, son cosas que pasan… ¿Se cayó de la cama?, y cada tanto se caen… Hay mucho menos tolerancia con quien cometió el error que con el error en sí mismo. No debieran asumirse como inevitables o inherentes a la práctica habitual cosas que no debemos permitir que pasen. Reconocer que los errores son frecuentes y que van a ocurrir porque somos humanos no debe llevarnos a una insensibilización que nos paralice. Debemos estudiarlos y buscar la forma de minimizarlos

No debe tampoco minimizarse como un obstáculo la cultura del castigo que impera en muchos establecimientos de salud. Si los errores individuales son considerados como inadmisibles, la consecuencia lógica es que los mismos deben ser castigados. El temor a represalias dificulta notificación voluntaria de errores por parte de médicos y enfermeras y sólo salen a la luz aquellos errores que produjeron daños graves y que son inocultables. Se pierde entonces la oportunidad de aprender. Además, la excesiva verticalidad de nuestro sistema establece barreras jerárquicas que hacen inimaginable a una enfermera notificando un error de un médico o a un residente notificando el error de un jefe. Tampoco es imaginable la discusión abierta de un error en un servicio. En general, cuando esto sucede, como en algunos ateneos, las discusiones tienen carácter netamente incriminatorio y el esfuerzo mayor está puesto en deslindar responsabilidades más que en el estudio de las raíces del problema.

Por otra parte, existe todavía una gran brecha entre la importancia que le asignan los especialistas en seguridad del paciente a algunas medidas y la importancia que le asignan a esas mismas medidas los médicos que deben ejecutarlas. Como muestra vale observar la forma burocrática/administrativa en la cual se instrumentan los consentimientos informados y los listados de verificación de seguridad de la cirugía en la mayoría de las instituciones médicas. Mientras esta brecha no se achique y los médicos asistenciales actúen con el mismo convencimiento que tienen los investigadores en seguridad del paciente, será inútil pretender modificar conductas mediante resoluciones o normativas obligatorias.
  • La industria del juicio

La facilidad para entablar juicios millonarios en nuestro sistema legal y el lógico temor a ser demandado desalienta cualquier intento de discusión abierta de los errores, condición sine qua non para avanzar en la seguridad de los pacientes.Los médicos son renuentes a reunir información vinculada a accidentes o errores por el temor de que la misma pueda ser utilizada para preparar acciones legales en su contra. Para superar este obstáculo, algunos países como Canadá y Estados Unidos han establecido, bajo ciertas condiciones, mecanismos de protección legal de la información relacionada a la seguridad de los pacientes y calidad de atención. (33)

Por otra parte, el abordaje sistémico de la seguridad del paciente se contrapone con nuestro sistema legal de responsabilidad penal y civil, que tiene como foco el establecimiento de responsabilidades y culpas y no la consideración de mejoras en los sistemas de atención. El sistema legal tiene necesariamente un abordaje individual, punitivo y confrontacional que choca de frente con la visión sistémica y no punitiva de la seguridad, en donde la culpa no es el eje y el foco está puesto sobre los procesos y no sobre los individuos que cometieron el error. Son muy pocos los países que, tratando de armonizar ambos sistemas han establecido sistemas de compensación de víctimas “no fault” (sin culpa), en donde la resolución de casos gira sobre la “evitabilidad” del evento adverso y no sobre quién tiene la culpa. Existen en estos países (Nueva Zelanda, Suecia, Dinamarca) fondos nacionales de compensación de víctimas de “accidentes” (médicos y de otro tipo) solventados por los impuestos de la población.  

 

  • Falta de alineación de intereses económicos

La calidad de atención y la seguridad de los pacientes requieren de cierta inversión. Lamentablemente, no siempre los esfuerzos de las instituciones que la realizan son recompensados por los financiadores a través de un mejor retorno económico… Gran parte de esta dificultad tiene que ver con la forma en que se financia la atención en muchos sectores. Al pagar por prestaciones y no por resultados, muchas obras sociales y prepagas no sólo no pagan más por una mejor calidad, sino que terminan “premiando” a las clínicas y sanatorios por las complicaciones, reconociendo más días de internación y mayor intensidad de cuidados, independientemente de que la complicación hubiese podido ser prevenida o no. A consecuencia de esta forma de pago, la mayoría de los ahorros que se realizan a través de las iniciativas de seguridad terminan beneficiando a los pagadores, en términos de menores estadías y gastos, en vez de favorecer a la organización que realizó la inversión. Los hallazgos publicados en abril de este año por Eappen y otros investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard son perturbadores: ¡algunos hospitales norteamericanos ganarían más por las cirugías que se complican que por las que evolucionan sin problemas! (34)

Desde octubre de 2008. Medicare/Medicaid no paga más por el tratamiento de complicaciones que: a) son de alto costo, alta frecuencia o ambos; b) derivan en pagos secundarios cuando el diagnóstico se presenta como secundario al diagnóstico de ingreso y c) Podrían haber sido razonablemente prevenidas a través de la aplicación de guías basadas en la evidencia.(35) Figuran en el listado, entre otras complicaciones, las caídas, las embolias aéreas, las úlceras por decúbito grado III y IV, los oblitos, las infecciones asociadas a catéteres y los TEP luego de reemplazos de cadera y rodilla. Sin embargo, el abordaje mediante el castigo financiero tampoco parece solucionar el problema. 

Es evidente que no alcanza con exhortar a los prestadores a que trabajen mejor apelando exclusivamente a “la satisfacción del deber cumplido”. Las regulaciones, las normas, el rediseño de los procesos y la tecnología informática son elementos necesarios pero no suficientes. Sin incentivos financieros con significativas recompensas, los esfuerzos de las instituciones para mejorar la calidad y seguridad de las prestaciones nadarán a contracorriente.

En una búsqueda por alinear intereses, hoy  aproximadamente el 39% de todos los planes de salud norteamericanos han iniciado alguna forma de incentivos financieros para la calidad (36) y se comienza a avanzar en el °pago por desempeño” con premios basados en la implementación de procesos basados en la evidencia, en la medición de resultados objetivos y en la experiencia de los pacientes (encuestas de satisfacción). (37)(38)(39)

  • Falta de mayor evidencia económica para apoyar la inversión en seguridad

Otra barrera histórica para avanzar ha sido la dificultad para presentar “el caso económico” que justifique las inversiones necesarias para aumentar la seguridad de las prácticas médicas. Quienes deben tomar decisiones financieras en salud se enfrentan con numerosos requerimientos que suelen competir entre sí, más allá de que el primer imperativo sea “no dañar”. Las consideraciones económicas no deberían ser el único factor a considerar en el diseño de políticas que mejoren la seguridad de los pacientes, pero cuando los presupuestos son acotados, se necesita aportar la evidencia económica que demuestre que las nuevas intervenciones que se proponen son tan buenas o mejores que otras inversiones que se realizan para mejorar la atención.    

Se han realizado en los últimos años bastantes estudios sobre la carga económica de los eventos adversos en distintos ámbitos.(40)(41)(42) Estos trabajos se focalizan en los costos hospitalarios directos atribuidos a tratar estas complicaciones en internación que aparecen como diagnósticos secundarios al diagnóstico de ingreso y que podrían haber sido evitadas utilizando las guías y recomendaciones basadas en la evidencia. Lamentablemente, la mayoría de los estudios publicados sobre la carga económica de los eventos adversos en la internación de pacientes agudos no describen una metodología de costeo y los pocos estudios que sí reportan su metodología de costeo difieren en los métodos de cálculo y asignación. Por lo tanto, se ha publicado un amplio rango de costos diferentes para un mismo evento adverso. Si bien el valor de establecer una forma de medición única es reconocido en la literatura, esto no se ve reflejado en los estudios empíricos.

Esta estimación de los costos de los eventos adversos son útiles para motivar cambios, pero no son muy claros acerca de dónde se deben realizar inversiones.

Todavía son muy pocos los análisis económicos comparativos, también llamados análisis de costoefectividad. Estos estudios comparan los costos y resultados de una o más estrategias de seguridad destinadas a evitar un determinado evento adverso. Buscan identificar intervenciones que brinden el mejor resultado con la menor inversión posible.  Se necesita mayor cantidad y calidad de este tipo de estudios, que deberían privilegiarse sobre los que solo informan acerca de la carga económica del problema.

 

Cultura de Seguridad

Una vez identificados los obstáculos, se deben desarrollar a todo nivel estrategias para removerlos.

La dificultad para avanzar en calidad y seguridad de los pacientes desde un punto de partida inicial hacia uno con mayor nivel de compromiso de los médicos depende de un complejo conjunto de factores. Algunos de ellos son estructurales, como la forma de relacionarse de los médicos con la institución (abierta o cerrada) y otros son históricos, como la memoria y los efectos residuales de relaciones conflictivas en el pasado. Pero el factor más importante es la cultura, entendida como el conjunto de creencias, normas y valores –explícitos o implícitos- que forman la base de los patrones de conducta del staff médico, de enfermería y auxiliar. Es bien sabido que los principales obstáculos para avanzar se encuentran enraizados en creencias, conductas y elecciones y no en la falta de recursos o tecnología

La comprensión de la cultura existente es crítica para poder imponer una nueva. Sin embargo, es preciso destacar que no todo el personal del hospital, sanatorio o clínica tiene una cultura única. Más bien,  se presentan en los mismos múltiples “microculturas”. Sí los líderes de la institución no tienen una cabal comprensión de los valores y creencias que subyacen detrás de los comportamientos, es poco probable que logren aumentar la participación de los médicos en los programas de calidad. Cualquier nueva iniciativa fracasará si no se logra desarrollar una cultura de seguridad y un adecuado clima de trabajo.

A lo largo de todo este tiempo, el sector salud ha tomado prestado de otras industrias altamente confiables, como la aeronáutica o la ingeniería nuclear, el concepto de “cultura de seguridad”. Estas organizaciones se desempeñan extremadamente bien y con pocos eventos adversos de manera sostenida a lo largo del tiempo gracias a la implementación efectiva de modelos de comunicación y trabajo en equipo y a la creación de ambientes de trabajo que consideran que la seguridad es la prioridad número uno, aún a expensas de la producción o la eficiencia. Algunos sostienen que el sector salud todavía transita por la infancia en su camino a ser una actividad altamente confiable. Otros afirman que una cultura de seguridad plena jamás será alcanzada por las organizaciones de salud porque se enfrentan a distintas prioridades que compiten entre sí, haciendo más difícil que la seguridad sea en todos los casos la prioridad Nº1. Justo es decir también que la caída de aviones o la explosión de una central nuclear posiblemente signifiquen el fin de las operaciones de las empresas que se dedican a ello, algo que no ocurre con una clínica o sanatorio  cuando fallece un paciente a consecuencia de un error. A diferencia de los pilotos y de los operarios de las centrales atómicas, los médicos y administradores de servicios de salud no mueren en los accidentes que provocan…

Pese a todo, son varias las organizaciones de salud con un pensamiento de avanzada que están realizando progresos y logran poco a poco modificar conductas, conceptos y procesos mediante la creación de una verdadera cultura de seguridad. Debemos inspirarnos en ellas si queremos cumplir con el primer mandato hipocrático: “Primum non nocere”.

 

Bibliografía

 

1.     Brennan TA, Leape LL. et al. Incidence of adverse events and negligence in hospitalized patients. Results of the Harvard Medical Practice Study I. The New Engand. Journal of Medicine. Feb 7, 1991

 

2.     Thomas EJ, Studdert DM, Burstin HR, et al. Incidence and types of adverse events and negligent care in Utah and Colorado. Med Care 2000;38:261-271

 

3.     Wilson RM, Runciman WB, Gibberd RW, et al. The Quality in Australian Health Care Study.Med J Aust1995; 163: 458-471

 

4.     Vincent C. Adverse events in British hospitals: preliminary retrospective record review. British Medical Journal 2001;322:517

 

5.     Baker GR, Norton PG et al.. The Canadian Adverse Events Study: the incidence of adverse events among hospital patients in Canada. CMAJ. Canadian Medical Association Journal2004 May 25;170(11):1678-86

 

6.     Davis P, Lay-Yee R, Briant R, et al. Adverse events in New Zealand public hospitals I: Occurrence and impact. NZ Med J 2002;115:U271

 

7.     Schiøler T,Lipczak Incidence of adverse events in hospitals. A retrospective study of medical recordsUgeskr Laeger.2001 Sep 24;163(39):5370-8.

 

8.     Aranaz Andrés JM y col. Estudio Nacional sobre Efectos Adversos ligados ala Hospitalización. ENEAS 2005. Informe Febrero 2006. Ministerio de Sanidad y Consumo de España. Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud.

 

9.     Aranaz Andrés JM y col. Estudio IBEAS. Prevalencia de Efectos Adversos en Hospitales de Latinoamérica. 2010. BEAS es un proyecto dirigido por el Ministerio de Sanidad y Política Social de España y la Organización Mundial de la Salud en colaboración con los Ministerios de Argentina, Colom­bia, Costa Rica, México y Perú y gestionado por la Organización Panamericana de la Salud.

 

10.  Kohn LT, Corrigan JM, Donaldson MS. To err is human. Building a Safer Health System. Institute of Medicine, 2000.

 

11.  Reason J. Human error: models and management. BMJ 2000: 320-768

 

12.  Wald H, Shojania KG. Root cause analysis. In: Shojania KG, McDonald KM, Wachter RM, eds.Making Health Care Safer: A Critical Analysis of Patient Safety Practices. Evidence Report/Technology Assessment No. 43, AHRQ Publication No. 01-E058; July 2001. Available athttp://www.ahrq.gov

 

13.  Joint Commission on Accreditation of Healthcare OrganizationsFramework for Conducting a Root Cause Analysis In Response to a Sentinel Event. American Society for Healthcare RiskManagement. 1997 Annual Conference and Exhibition.October, 1997. Atlanta GA .USA.

 

14.  Institute for Healthcare Improvement (IHI) Failure Modes and Effects Analysis Tool. 2004. . http://app.ihi.org/Workspace/tools/fmea/

 

15.  New South Wales Health Incident Management Policy Directive (Australia). Severity Assessment Code (SAC), November 2005.

 

16.  National Patient Safety Foundation (USA, 1997); National Patient Safety Agency UK); Canadian Patient Safety Institute; Australian Patient Safety Foundation (1998)

 

17.  Institute for Healthcare Improvement, fundado en los EE.UU en 1991; National Quality Forum, fundado en los EE.UU en 1999.

 

18.  National Quality Forum Safe Practices for Better Healthcare – 2010 Update. Disponible en Internet: http://www.qualityforum.org/Publications/2010/04/Safe_Practices_for_Better_Healthcare_%E2%80%93_2010_Update.aspx

 

19.  JCAHO. National Patient Safety Goals 2002 a 2014. Disponibles en Internet: http://www.jointcommission.org/standards_information/npsgs.aspx

 

20.  Organización Mundial de la Salud/Joint Commission/Joint Commission International. “9 soluciones para la seguridad de los pacientes”. Mayo 2007. Disponible en Internet: http://es.jointcommissioninternational.org/enes/WHO-Collaborating-Centre-for-Patient-Safety-Solutions/

 

21.  Fabian, L.A. & Geppert, J. Quality Indicator Measure Development, Implementation, Maintenance, and Retirement Summary (Prepared by Battelle, under Contract No. 290-04-0020). Rockville, MD: Agency for Healthcare Research and Quality. May 2011.

 

22.  Institute for Healthcare Improvement. IHI Global Trigger Tool for Measuring Adverse Events. 2003, con actualizaciones periódicas. Última en agosto 2013-  Disponible en Internet: http://www.ihi.org/knowledge/Pages/Tools/IHIGlobalTriggerToolforMeasuringAEs.aspx

 

23.  Alianza Mundial para la Seguridad del Paciente. Información de las campañas en   http://www.who.int/patientsafety/es/

 

24.  Landrigan CP, Parry GJ, Bones CB et al. Temporal trends in rates of patient harm resulting from medical care. N. Eng.J. Med 2010;363:2124-2134

 

25.  James JT. A New Evidence-based estimate of patient harms associated with hospital care. J Patient Saf. Volume 9, N°3, September 2013. P 122-128.

 

26.  Mehtsun WT,Ibrahim AM,Diener-West M,Pronovost PJ,Makary MA. Surgical never events in the United States. Surgery.2013 Apr;153(4):465-72

 

27.  Jha AK, Larizgoitia I et al. The global burden of unsafe medical care: analytic modeling of observational studies. BMJ Qual Saf 2013; 22:809-815

 

28.  Bratzler DWHouck PMSurgical Infection Prevention Guideline Writers Workgroup.Antimicrobial prophylaxis for surgery: an advisory statement from the National Surgical Infection Prevention Project. Am J Surg.2005 Apr;189(4):395-404

 

29.  Classen DC; Evans S. et al. The Timing of Prophylactic Administration of Antibiotics and the Risk of Surgical-Wound Infection. Engl J Med 1992; 326:281-286

 

30.  Haynes Ab; Weiser TG. et al.  A surgical safety checklist to reduce morbidity and mortality in a global population. N Engl J Med 360;5 January 29, 2009. En los ocho sitios de la evaluación, la falta de suministro de antibióticos a tiempo ocurrió en casi la mitad de los pacientes quirúrgicos que se beneficiarían de otra manera de la administración oportuna

 

31.  Seiden SC,Barach P.  Wrong-side/wrong-site, wrong-procedure, and wrong-patient adverse events: Are they preventable? Arch Surg.2006 Sep;141(9):931-9. El trabajo estima anualmente entre 1300 y 2700 incidentes de este tipo en los EE.UU

 

32.  Webb RK, van der  Walt JH, Runciman WB,  et al.. The Australian Incident Monitoring Study. Which monitor? An analysis of 2000 incident reports.Anaesth Intensive Care. 1993 Oct;21(5):529–542

 

33.  Quality of Care Information Protection Act, 2004 (QCIPA). Canada, 2004. Patient Safety and Quality Improvement Act (USA, 2005)

 

34.  Eappen S; Bennett H; Rosemberg B. et al. Relationship between occurrence of surgical complications and hospital finances. JAMA, April 17,2013. Vol 309 N°15

 

35.  CMS Centers for Medicare and Medicaid Services. Hospital Acquired Conditions. www.cms.gov

 

36.  Miller J, Models for measuring: performance reward programs move forward, but few take off running. Managed Care Executive, (2004).  14 (2), 24-26

 

37.  CMS/Premier.  Hospital  Quality  Incentive Demonstration  (HQID).  White  paper  Accesible  en internet. www.premierinc.com/p4p/hqi

 

38.  CMS Centers for Medicare and Medicaid Services. Hospital Value-Based Purchasing. Accesible en Internet. www.cms.gov

 

39.  Sutton  M, Nikolova  S,  Boaden  R,  Lester H,  Mc Donald  R,  Roland M.  Reduced mortality with hospital pay for performance in England. N Engl J Med.  2012; 367: 18211828 

 

40.  Ministerio  de  Sanidad  y  Consumo,  España. Revisión bibliográfica sobre trabajos de costes de la “no seguridad  del  paciente”,  2008. http://www.seguridaddelpaciente.es/index.php/langes/proyectos/financiacionestudios/otrosestudios/2007/costesnoseguridadpaciente.html

 

41.  Canadian Patient Safety Institute. The economics of patient safety in acute care. 

Technical Report (2011). Accesible en internet:  www.patientsafetyinstitute.ca

42.  Gray, A. Adverse events and the National Health Service:  an  economic  perspective  a report to the UK National  Patient  Safety  Agency.  Oxford:  Health Economics  Research  Centre,  Department  of Public Health, University of Oxford. 

 

Algunas preguntas sobre lo sucedido con la seguridad del paciente.

Tengo el honor de presentarles a uns ilustre invitada que ha accedido a compartir con vosotros sus reflexiones sobre el presente y devenir de  la seguridad de los pacientes en este humilde blog. La Dra. Edita Falco es una grandísima profesional que combina sus experiencias en cirugía con una maestría asombrosa en el estudio y analisis así como en la difusión de principios e ideas sobre seguridad de los pacientes. Es una referente para toda América y por la difusión que hace de sus reflexiones en tres maravillosos blogs, una experta mundial. Confieso mi admiración por la Dra. Falco; estoy seguro que vosotros, cuando leáis esta entrada así como las numerosas que tiene en los enlaces de sus publicaciones que vamos a difundir, lo seréis en breve. Gracias Edita Falco.

Uruguaya, es médico especialista en cirugía general y pediátrica. Chapter Leader de la IHI OPEN SCOOL en Uruguay desde 2009, Socia de ASRAM , miembro internacional de la Asociación de Cirugía de la APP e integrante destacada de la Comisión de Educación Médica Continua del SMU. Imposible condensar sus numerosas publicaciones y participaciones activas en eventos científicos relacionados con la seguridad de los pacientes; simplemente reseñar por el interés que sin duda suscitará su lectura los enlaces a los tres blogs que magistralmente lidera nuestra invitada la Dra. Falco

 

 

 

error 1

 

Algunas preguntas sobre lo sucedido con la seguridad del paciente.

Hace ya tres lustros desde que se puso sobre nuestra conciencia la necesidad de mejorar la seguridad de los pacientes y a pesar de los numerosos ensayos, artículos y conferencias que se han venido produciendo confieso que me asaltan muchas dudas.

El error

Inicialmente  cuando se hablaba sobre del error en medicina, surgió la  necesidad de reconocer que sí, se cometían errores, pero que era de sabios reconocerlos y corregirlos.

Muchos médicos ilustres confesaron públicamente los propios (cometidos sobre todo al inicio de sus carreras), con la esperanza de que los más jóvenes aprendieran de ellos e imitaran su ejemplo. Al mismo tiempo se impuso  la necesidad de que las instituciones llevaran registro de los hechos adversos.Todo ello inspirado en la idea de tomar ejemplo con una industria confiable y glamorosa: la aviación.

Estábamos perdonados de antemano por la explicación que nos proporcionaba la imagen más popular de la historia de la medicina: el modelo del queso suizo, imagen infaltable en todas las conferencias, charlas y ponencias sobre el tema.

queso edita

 

El modelo sistémico nos absolvía, la culpa era de los sistemas mal diseñados. Correspondía modificarlos.

No niego la importancia de un sistema atroz, hay bastantes ejemplos, pero no basta. La resistencia a reconocer nuestra falibilidad sigue vigente; desde la facultad se nos enseña a practicar sin error, tenemos temor a las consecuencias legales y profesionales pero aun más sufrimos la herida que implica dudar de nuestra capacidad, a nuestro narcisismo.

James Reason modificó la imagen en el año 2006 atribuyendo responsabilidad por partes iguales al sistema y al agente pero ese nuevo esquema no tuvo la misma adhesión ni difusión y paulatinamente la palabra error desapareció de los titulares sustituida por "seguridad del paciente" y más tarde por otra compañera: "calidad". Pasamos a un mensaje positivo.

Reporte de errores

Se inició con mucho entusiasmo y buena fe en muchos países.

Se invirtió mucho esfuerzo, mucho tiempo, mucho dinero en hacer el registro, condición indispensable para colocar al país en la lista de aquellos que toman en serio el problema...y se comprobó que sí, que había un número importante de hechos adversos.

Pero, ¿existe una prueba irrefutable de que el reporte haya contribuido realmente a disminuirlos? Además una de las más interesantes fuentes de información  está a punto de desaparecer: la autopsia clínica.

En la actualidad el numero de autopsias no llega al 6% de los fallecidos…los médicos muy raras veces las piden, las instituciones tampoco, el costo no lo cubren los seguros…y sin embargo ese pequeño porcentaje arroja cifras importantes de error diagnóstico. La Joint Commission no lo considera un elemento relevante para la acreditación…

La aviación

Y aun hoy día se sigue mencionando que tenemos que imitar a la aviación olvidando que el primer objeto de interés en esa industria es el perfil y el cuidado del piloto: su edad, su estado físico y mental, sus habilidades y conocimientos periódicamente actualizados y evaluados y su ritmo de trabajo. Descanso obligatorio: es el responsable de cientos de vidas que transporta.

Cualquier coincidencia con el campo de la medicina será premiada…tanto médicos como enfermeras soportan horarios extenuantes, muchas veces mal pagados, sin contar con los elementos básicos.

 En nuestra profesión ¿se ofrecen y evalúan cursos de entrenamiento y mantenimiento de habilidades y conocimientos como es obligatorio en la aviación? Más aun… los pilotos son designados después de una cuidadosa selección, no por razones de afinidad política ni amistad con los jerarcas….

¿No es irritante seguir escuchando esta analogía?

Conductas inexplicables

Por otra parte hay una serie de conductas de riesgo incomprensiblemente toleradas.

Lávese las manos! No comprendo como esa campaña, hecha pública por otra parte, no ha promovido una denuncia global contra los agentes sanitarios. 

Se le dice al paciente en algunos sitios que le pregunte al médico ¿Te has lavado las manos antes de tocarme?

Pero doctor ¿no es eso lo primero que le enseñan?

Y otra cosa que me produce vergüenza ajena: la lista de cinco pasos popularizada por Provonost: medidas elementales de higiene antes de efectuar una maniobra tan invasiva como entrar en el torrente venoso del paciente!. Por otra parte esa lista no pregunta: ¿han bañado al paciente?

Las bacterias están en todo el cuerpo…aun los pacientes críticos deben ser higienizados. Sin mencionar que las medidas de higiene  ambiental en  los hospitales son, por así decirlo, imperfectas e incompletas.

 Las instituciones

Las instituciones es sabido tienen su propia cultura y sus legítimos intereses. No ha de ser fácil administrar algo tan complejo como la salud sin ir a la bancarrota. Pero ¿qué medidas se han tomado en la práctica? ? De acuerdo a las numerosas publicaciones  se han implantado muchas medidas.. Tantas intervenciones, tantas ordenanzas, tantas reglas, check list,  prácticas seguras, otras  maneras de comunicación…sin hablar de la tecnología de última generación.

Las listas, las ordenanzas habitualmente se degradan y no se cumplen..es un fenómeno bien reconocido, llámese la normalización de las desviaciones o la erosión de las reglas.

Amalberti ha señalado con toda razón que muchas de ellas están pensadas “para el lunes de mañana”cuando el hospital esta a full y que son bypaseadas en la practica cotidiana.

La productividad versus la seguridad.

Después que se impuso la check list en Inglaterra, un joven anestesista preguntó, en una carta que se puede leer en internet a su aseguradora: ¿Como podía solucionar el dilema que le planteaba su hospital apurando los tiempos y salteando los pasos de la check list?

Muchas de ellas se han impuesto por sugerencia de las agencias de seguros que a su vez las tomaron del ejército y no han demostrado ser demasiado valiosas. Una de las que ha gozado de gran difusión (y que a mi juicio demuestra que alejados están de la realidad los inventores de estas reglas )es el SBAR.

Una técnica usada para dar información precisa de la situación de un blanco a ser torpedeado, que recogió una aseguradora, posiblemente para definir responsabilidades a la hora de un juicio.

En la vida real quien llama para una consulta carece de la precisión del marino que se maneja con coordenadas.

Muchas veces el llamado lo hace una enfermera porque el médico está MUY ocupado; otras veces el médico te hace llamar porque otro médico del turno anterior dejo anotada una consulta con... y muchas veces el estado del paciente no guarda relación con lo que te han dicho. Es "tu" evaluación la que cuenta. Por otra parte, y eso es lo mas importante el criterio de quien pide la consulta no tiene necesariamente que ser correcto.

En resumen: si te llaman ve corriendo, aunque después la urgencia no exista. Es tu trabajo. No confíes en la impresión de un tercero.

Oportunidad del tratamiento.

No hay demasiada literatura sobre las condiciones que provocan demoras en la atención de los pacientes, sea la consulta o el tratamiento. Se aceptan plazos de meses antes de dar solución a patologías que causan dolor o inhabilitación, sin hablar de los accidentes agudos encefálicos o cardiacos en los que hay un plazo breve para actuar con éxito.

Y sobre todo he encontrado solo un artículo sobre el papel de las compañías de seguros en la atención de los pacientes.

Tanto la prensa como el cine y la televisión han desarrollado abundante material sobre la angustia de pacientes y familiares que no son atendidos porque su seguro es insuficiente: restringen la medicación, la internación, la cirugía e imponen su propias normas: los pacientes de cirugía del día no tienen derecho a una cama mucho menos a pasar la noche en el hospital si no se sienten bien, por poner un ejemplo. No son los únicos.

Pero la literatura, la copiosa literatura norteamericana no se ha encargado del tema

AH! El artículo que encontré se refiere al hecho de que los recién nacidos con problemas quirúrgicos que nacen en un hospital general no son enviados a los centros especializados si tienen cobertura por un seguro (1).

Lo bueno

* La cantidad de personas que quieren hacer las cosas bien y que luchan infatigablemente por ello sin recibir el apoyo necesario, médicos y enfermeras. En todas partes del mundo hay un personal bien dispuesto, dedicado y preocupado por sus pacientes a pesar de horarios extensos, salarios bajos y condiciones de trabajo subóptimas por asi decirlo; son ellos quienes desde su labor evitan que aumente la cifra de hechos adversos. Merecen toda nuestra gratitud.

* El éxito logrado en algunos hospitales en la reducción de incidentes sin desmedro de la calidad.

* Los excelentes resultados en el trabajo de centros donde se concentra un tipo de trabajo específico ( diálisis renal, trasplantes por ejemplo) donde impera un real profesionalismo, espíritu de equipo, amor  y orgullo por lo que se hace.

Es oportuno dejar un mensaje de esperanza…de  lo contrario estaríamos contribuyendo a que las cosas no mejoren.

(1) Berman,Loren; Rosenthal,Marjorie,S; Moss,R,Lawrence. "The paradoxical effect of medical insurance on delivery of surgical care for infants with congenital anomalies." JOURNAL OF PEDIATRIC SURGERY. Vol. 45, no. 1. (January 2010.): 38-44. Caring for neonates with major congenital anomalies has significant financial implications for the treating institution, which can be positive or negative depending on whether the patient has insurance. We hypothesized that insured affected neonates born in non–children's hospitals would be more likely to be treated on site, whereas uninsured neonates would be more likely to be transferred.

Seguridad del paciente: valor imprescindible en el cuidado

Se asoma a esta web sobre seguridad de los pacientes una magnífica profesional de nuestro sistema de salud español, Sara Lospitao Gómez, enfermera de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Con muchos años de experiencia (más de de 19 años en el cuidado del paciente crítico), destaca también por su sobresaliente humanismo y solidaridad. Quizás lo sea ya que Sara , además de enfermera, es licenciada en Humanidades. Miembro de la Comisión Hospitalaria de Seguridad del Paciente en el Hospital Universitario de Fuenlabrada y miembro del Grupo de Notificación de Incidentes y Eventos Adversos del citado cntro. Auténtica conocedora y practicante de nuestro cosmos de la seguridad de los pacientes, su visión de la misma en los cuidados de salud se convierte en una lectura obligada para quienes tenemos interés en aumentar nuestro conocimiento en este campo. Ella hace visible por si misma la enfermería. Muchas gracias Sara por tu tiempo y tu dedicación. 

 

Lalospi

 

La prevención y la seguridad del paciente ya es parte reglada de la actividad sanitaria y se ha convertido en elemento clave en la gestión de la misma. Y esto ha sido un paso importante en la cultura organizativa de la Sanidad. Hoy día ya sabemos que el problema de los eventos adversos en nuestra actividad diaria como profesionales de la salud no es nada nuevo y el principio hipocrático “Primum non nocere” (Hipócrates 460 a.C) vuelve a tener una indiscutible repercusión mediática a nivel internacional. No hay duda que las intervenciones de atención sanitaria que se realizan con el propósito de beneficiar al paciente, no quedan exentas de provocar daños. Estamos saciados de escuchar y ver que la actividad sanitaria conlleva un riesgo inherente a que ocurran incidentes y eventos adversos (EA), y desafortunadamente, estos suelen ocurrir frecuentemente.

El proceso de atención de enfermería representa uno de los principales riesgos en el cuidado del paciente y las Unidades de Cuidados Intensivos, dada la complejidad de cuidados, procedimientos, técnicas, tecnología, etc.,  aumentan considerablemente estos riesgos. Me remito al estudio ENEAS, llevado a cabo en nuestro país en el año 2005, donde  se evidenció una incidencia de 1,4 efectos adversos por 100 días de estancia-paciente y considerando el 42,8% como evitables.

Aunque llevamos ya algunos años trabajando en este campo, sigue siendo necesario y primordial, crear y fomentar la sensibilidad de todos los profesionales con respecto a este problema. La preocupación por la Seguridad del paciente en cierto modo, es relativamente reciente si lo comparamos fuera del entorno sanitario, la prevención y la seguridad del individuo se ha estudiado mucho, por ejemplo, como es en el caso del sector automovilístico.

En 1999 el Instituto de Medicina de Estados Unidos elaboró un informe titulado “Errar es humano: construyendo un sistema sanitario seguro” que impulsó la precaria preocupación a nivel mundial sobre la Seguridad de los pacientes, y en el cual, quedó reflejado cifras exorbitantes de personas fallecidas al año en hospitales de ese país a consecuencia de errores médicos. En el año 2004, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó la Alianza Mundial para la Seguridad Clínica del Paciente, en la cual se enfatizó las estrategias de seguridad, incluyendo acciones encaminadas a la prevención, detección y mitigación de los efectos adversos además de otras muchas acciones.

Volviendo de nuevo al estudio ENEAS, uno de los principales resultados que quiero destacar, es el 42,8% de EA notificados, que fueron considerados como evitables, en función de los criterios prefijados. Esta cifra debió y debería llamarnos la atención, ya que, si muchos problemas asociados o vinculados con la atención sanitaria son evitables, ¿cómo debemos trabajar para garantizar la seguridad del paciente? Y si son evitables ¿por qué suceden?

En ese mismo año (2005) la AHQR (Agency for Healthcare Research and Quality) llevó a cabo un estudio del cual se obtuvieron resultados bastantes significativos, más del veinte por ciento de los pacientes ingresados en unidades de Cuidados Intensivos experimentaron al menos un acontecimiento adverso y más del noventa por ciento de los incidentes tuvo lugar durante los cuidados de rutina.

Mejorar la seguridad del paciente exige un compromiso de todos, especialmente de las enfermeras; la esencia de la enfermería es el cuidado y como imperativo moral, cuidar es adherirse al compromiso de mantener la dignidad y a integridad del individuo.

Si hablamos de cuidados de máxima calidad y seguridad, nos referimos a un procedimiento de actuación profesional que implica responsabilidad legal y moral en la profesión enfermera. Por tanto, la seguridad del paciente debe establecerse como un valor imprescindible en el cuidado, aunque para ello, es necesario comprender cuáles son las situaciones adversas que pueden acontecer cuando se realiza algún procedimiento del cuidado de enfermería, para así, poder evitar o controlar los factores que incitan a los errores y que vulneran la seguridad de nuestros pacientes. La máxima seguridad se consigue por un conocimiento adecuado de los riesgos, eliminando los prescindibles y previniendo y protegiendo de aquellos que hay que asumir de forma inevitable₂.

La enfermería debe dar un paso más hacia el paradigma de las prácticas seguras y afrontar esa falta de sensibilidad hacia el problema, impulsando una cultura de seguridad en todas las acciones y no aceptando los errores y daños como parte de su trabajo. Las enfermeras debemos ejercer una función activa en la evaluación de la seguridad y en la calidad de sus cuidados, favoreciendo aquellas medidas que mejoren la atención y estableciendo estrategias para disminuir los riesgos asociados a sus cuidados.

¿Podemos garantizar la seguridad de nuestros pacientes? Si, pero no debe quedarse o convertirse sólo en buenas intenciones de las Instituciones, de la Agencia de Calidad o de una pequeña parte de profesionales, debe ser el propósito del equipo multidisciplinar, donde la Enfermería tiene mucho que decir y hacer.

1.- Villareal E. Seguridad de los pacientes.Un compromiso de todos para un cuidado de calidad.Salud Uninorte.Barranquilla (col.) 2007; 23(1):112-119.

2.- Aibar C, Aranaz J. ¿Pueden evitarse los sucesos adversos relacionados con la atención sanitaria hospitalaria?.Proyecto Investigación FIS PI21076.

LA INSEGURIDAD DEL PACIENTE CON CÁNCER

Hoy tenemos la suerte de contar en nuestro universo de invitados con una excelente profesional Carmen Yélamos Agua, especialista en Psicología Clínica, enfocada en proveer sus servicios de asesoramiento y apoyo psicológico tanto a pacientes con cáncer como a sus familiares y profesionales sanitarios. Carmen también se dedica a  la formación y asesoramiento de profesionales sanitarios y especialistas en áreas relacionadas con la Psico‐Oncología. De amplio currículum, es especialista en Psico‐Oncología, Psicología Clínica, ONG y Fundaciones. Trabaja en el Instituto Madrileño de Oncología siendo directora de la Fundación Grupo IMO.

 

carmen

A pesar de los avances en la detección precoz, en los tratamientos oncológicos y en la cada vez mayor seguridad terapéutica ofrecida al paciente con cáncer, en la investigación, en las cifras cada vez más elevadas de supervivencia, cuando recibimos un diagnóstico no dejamos de sentir una gran vulnerabilidad y una inseguridad física y emocional que nos acompañará durante la enfermedad y muchas veces, incluso después de finalizar los tratamientos, al incorporarnos a la vida cotidiana.

La inseguridad que siente un paciente de cáncer es una sensación de malestar, nerviosismo o temor asociado a multitud de aspectos relacionados con la enfermedad (con el presente, futuro, familia, trabajo, imagen física,…), que se desencadena por el diagnóstico y por el significado que generalmente atribuimos o asociamos a la enfermedad y que provoca una  importante percepción de vulnerabilidad personal o una sensación de vulnerabilidad e inestabilidad que amenaza nuestra propia imagen o el yo.

El paciente con cáncer en líneas generales no es una persona insegura. Es importante diferenciar este aspecto. La inseguridad que siente el enfermo no proviene de una falta de confianza en sí mismo sino que la sensación de inseguridad aparece ante la situación de enfermedad y los tratamientos, una circunstancia desconocida, difícil y novedosa a la que debe enfrentarse y en la que no sabe muy bien qué hacer, cómo comportarse y cómo actuar. Los pacientes irán desarrollando diversos mecanismos de defensa o estilos de afrontamiento para manejarse en las diversas situaciones que tendrá que superar, casi siempre con estilos aprendidos desde la infancia y que en otras circunstancias complicadas de la vida le han ayudado a salir adelante. En ocasiones, serán estilos que le ayuden a afrontar la situación pero en otros casos no serán adaptativos y el equilibrio emocional del paciente puede verse afectado.

Sin embargo debemos saber que esta inseguridad puede ser superada. Se necesita tiempo, una comunicación abierta con nuestro equipo de especialistas, apoyo de nuestro entorno y una comprensión gradual de que la enfermedad no tiene por qué paralizar nuestra vida. A pesar de que la incertidumbre sobre nuestra salud puede hacer que estemos más preocupados y nerviosos, también puede ayudarnos a llevar una vida más sana: cuidando nuestra alimentación, haciendo ejercicio físico, etc. Sentir que hacemos algo para mejorar nuestra salud puede ayudar también a sentir menos incertidumbre e inseguridad ante el futuro. La vida con la incertidumbre también puede ayudarnos a mejorar las relaciones con algunos miembros de la familia y amigos. Algunas personas que han superado un cáncer sienten que después han tenido más fuerza y seguridad en sí mismos para hacer cambios en su vida y aprovechar cada minuto de ella al máximo.

descarga cancer

No vamos a poder cambiar el haber recibido un diagnóstico de cáncer ni el tener que afrontar unos determinados tratamientos, pero sí podemos tomar un papel activo ante esta situación y cambiar cómo nos sentimos ante ella. El trabajo personal buscando un diálogo interior más positivo, disminuyendo los pensamientos negativos, cuidando nuestra imagen y nuestra comunicación con el entorno nos dará la oportunidad de desarrollar la seguridad que necesitamos y que siempre estamos buscando.

 

La parte o el todo. (Reflexiones while checking the lists)

 

Se me hace difícil presentar a este profesional de la medicina y de la cirugía. Es una de estas personas a las que no sabes si invitar a que "invada" tu blog/web como cirujano que es -magnífico según he podido constatar a través de testimonios ajenos (afortunadamente)- o como humanista en la más amplia versión del término. Pepe, el Dr. Aguilar Jimenez, doctor y cirujano del Hospital Morales Meseguer en Murcia, master en senología-patología mamaria por la UAB y en Dirección Médica /Gestión de Unidades Clínicas por la UNED/isciii/ENS. Uno de los profesionales que trabajan en la Unidad de Mama del Hospital Morales Meseguer y actualmente involucrado en el proyecto integra ( das ) que pretende mejorar la atención a las pacientes con cáncer de mama. Lector empedernido y escritor, os aconsejo visitéis, sin prisas, su genial blog po(st)emas; me comenta que es vicioso de la lectura gracias a las enseñanzas de un profesor que se llamaba Don Domingo y por un escritor que se lama Don DeLillo. En cirugía de mama es muy fan de Umberto Veronessi. A Pepe le gustaría que los pacientes y la comunidad a la que prestamos servicio tuvieran más papel que el de ser recetados, operados y listadesesperados. No entiende que no haya un órgano en las áreas de salud que les de voz y capacidad decisoria. Es agnóstico por parte de padre y ateo por democracia interna. Además es músico y compositor; Pepe es una de las ocho momias que componen el conjunto musical  La momia que habla y si queréis leer aquello que no está en la letras de las canciones podéis pasar por http://lamomiaquehabla.blogspot.com.es/. Lo escrito, es difícil presentar a quién no solo destaca en su faceta de cirujano y su esforzada ayuda a luchar contra el cáncer de mama (hoy precisamente el día mundial, #sumatealrosa) sino también por su muy particular contribución a la cultura a la que estamos tan poco acostumbrados hoy en día por el predominio del tecnicismo y el ensimismamiento profesional. Por todo eso Pepe, muchas gracias.

 

la momia La momia que habla

 

Subcategorías